Conociendo a artistas axárquicos

 Una obra de arte es un trocito de universo compartido. Es un manantial que crece en nuestro interior, y del que obtenemos estímulos y sensaciones. Una pintura, una escultura o una serigrafía, por ejemplo, nos transporta a un mundo intimista, misterioso, repleto de enigmas que son, a lo sumo, los enigmas de la propia existencia, de uno mismo.

Es de vox populi la idea de que la luz de esta tierra ha hecho que proliferen tanto buenos artistas. Quizás sea también el perfume del mar, de la montaña; quizás sea la historia ininterrumpida de miles de años de civilizaciones y culturas que han pisado nuestra comarca; o quizás sea la sencillez o lo coqueto de sus gentes. Sea lo que fuere, lo cierto es que la Axarquía siempre ha sido y sigue siendo un hervidero de artífices plásticos insuperables. Por este motivo, el pasado jueves decidimos visitar a varios artistas locales con la intención de atravesar la barrera de genialidad que les precede y adentrarnos en el lado más humano de ellos.

En primer lugar, comenzamos visitando a Evaristo Guerra. Nos citó en su estudio de Torre del Mar a las 11 de la mañana. Incumpliendo la impuntualidad mediterránea, nos plantamos allí dos minutos antes de la hora prevista para no hacer esperar al insigne pintor. Evaristo nos recibió con suma educación. A sus 80 años parecía conservarse en formol, con un rostro impertérrito, sin apenas arrugas. Tras la ronda de saludos, nos mostró su apartamento de las maravillas. Todo lo que allí se encontraba: cada cuadro colgado, cada revista abierta sobre una silla o cada caballete portador de un lienzo, había sido metódicamente organizado para la visita.

Evaristo nos esbozó algunos retazos de su pasado. Con tan solo 14 años fue a Benamargosa en bicicleta, cargando en el portamantas un puñado de pinceles, tubos de pinturas y un lienzo. Le daba apuro pintar en su pueblo, Vélez-Málaga, porque, al ser hijo de panadero, temía que los veleños de postín le crucificaran por tal osadía. En Benamargosa pintó su primer cuadro, que dejó secar en la casa de un vecino con la intención de regresar al día siguiente, hecho que ocurrió veinte años más tarde. Poco después, abandonó Vélez y se marchó a la meca del arte español en un camión de verduras con tan solo 300 pesetas. Una vez en Madrid, trabajó en una panadería, gracias a lo cual pudo matricularse en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. De noche amasaba pan y de día aprendía a dibujar. En poco tiempo Evaristo consiguió hacerse hueco en el mundillo y alcanzó cotas muy altas Pero esta es otra historia de la que hablarán los biógrafos oficiales.

Terminamos la visitación y nos fuimos a tapear a la freiduría La Cueva, cuyos dueños han bautizado un espacio del negocio como “salón evaristiano”, un adjetivo que dentro de poco será admitido por el diccionario axárquico.

A continuación, nos trasladamos a Nerja. Nuestra siguiente cita estaba fijada con el célebre artista Francisco Martín, escultor de la estatua de Alfonso XII y Chanquete en el Balcón de Europa o de la cabra montés en la reserva natural del Alcázar de Alcaucín, entre otras obras desperdigadas por la provincia. De origen almayateño, Paco es un hombre muy cordial, franco y sencillo, que nos trató con una calidez absoluta. Regenta el “Art Galery”, una galería en pleno centro del pueblo, sito, calle Pintada, cuyo edificio es del siglo XIX. Aquí se exponen más de un centenar de obras, la mayoría de su autoría, junto a otros autores como la rusa Svetlana Kalashnik. La triste noticia es que el edificio es propiedad privada y los dueños quieren demolerlo para construir una casa de nueva planta, acción que se ejecutará en breve. Por lo tanto, instamos a nuestros lectores a visitarla con urgencia.

Martín también es pintor. Sus dibujos son esquemáticos, de fondos rojizos o azulados, con pinceladas cursivas que dan movimiento y vigor a los paisajes. Los personajes que aparecen en sus cuadros a veces son pequeños trazos perdidos en un mar de soledad; en ocasiones, dibuja animales, ñus, elefantes, antílopes africanos, pero, sobre todo, su amado perro salchicha, que tristemente nos dejó y yace ahora en el valhalla de los cánidos.

Nos despedimos de Paco y, acto seguido, nos acercamos a la sala de exposición municipal de Nerja con la idea de visitar la exposición “Reflejos en la Deriva”, de los también artistas axárquicos Alberto Tarsicio, Javier Rueda y Pepe Gálvez. Pero inexplicablemente estaba cerrada.

El broche final de esta larga excursión fue conocer al artífice Óscar D. Márquez. Así que nos trasladamos a su estudio en el Tomillar. De mirada severa, aunque afectuosa, Óscar ha estado trabajando muchos años en Alemania, de familia hostelera, su vocación por la pintura la encontró bastante tarde, pero aun así ha adquirido una técnica maravillosa. Su pintura está viva, aclama ser desmigada por nuestros sentidos. En otras palabras, nos induce a perdernos en un sueño de colores infinitos.

Una vez finalizado el tour pictórico, Oscar nos preparó un banquete majestuoso a base de embutido ibérico, queso curado, castañas cocidas, chupito de salmorejo y aceitunas maceradas; todo esto acompañado de una botella de ribera del Duero de exquisita reserva. ¡Qué mejor manera que acabar en los brazos de Baco!

Epidemia gripal en Vélez-Málaga (1918)


Recientemente hemos atravesado una de las pandemias más nefastas de los últimos tiempos. De hecho, todavía el recuerdo del coronavirus se cierne sobre nosotros como una pesadilla difícil de olvidar. Durante dos años ha habido un esfuerzo mutuo de la sociedad, de las instituciones y de la comunidad médica por combatir este agente invisible que ha dejado tantas víctimas a su paso. Cuando fue detectado allá en las postrimerías del 2019, los expertos lo comparaban con la mal llamada “gripe española” del pasado siglo. ¿Cómo afectó aquella gripe a las personas del pretérito? En el presente post vamos a hacer una síntesis de cómo la gripal ocurrida entre 1918 y 1919 afectó a Vélez-Málaga.

Era finales de mayo de 1918 y los primeros contagios surgieron en Madrid. Las autoridades políticas comprendieron que la enfermedad era ya una realidad. El mismo rey Alfonso XIII cayó enfermo el día 26, siguiéndole una suerte de personalidades como el ministro de Estado Eduardo Dato, el de Gracia y Justicia Conde de Romanones y el presidente del Congreso de los Diputados Santiago Alba. La primera oleada atacó primordialmente a la capital del país dejando 1500 fallecidos hasta junio, cuando la enfermedad comenzó a remitir.

Málaga fue afectada por la primera oleada de la primavera de 1918, pero en menor grado. Parece ser que los primeros contagios vinieron de la tripulación de dos buques de guerra anclados en el puerto. En los demás municipios los contagios fueron muy pocos y para finales de junio la enfermedad parecía haber menguado. Aunque lo peor estaba por llegar.

En cuanto bajaron las temperaturas en otoño la epidemia brotó con ferocidad, no habiendo ningún pueblo de Málaga que se librara de los contagios, al mismo tiempo que se empezaron a contabilizar las primeras muertes.

El 7 de noviembre la situación en Vélez-Málaga es alarmante con más de 700 contagios, un promedio de 35 a 40 “invasiones” (como así lo llamaban) por día. Una semana después el inspector provincial de Sanidad, el doctor Juan Rosado Fernández, se trasladó a nuestra ciudad para hacer una evaluación de la situación y tomar medidas. Tras reunirse con la Junta local de Sanidad, visitó iglesias, teatros, escuelas y la cárcel. El doctor Rosado puso en práctica un compendio de medidas profilácticas con la misión de combatir la gripe. En este sentido se encalaron y desinfectaron los edificios públicos de la ciudad, en especial el matadero público, la carnicería y la pescadería, pues se creía que en estos lugares el virus podría propagarse más fácilmente. Desinfectaron también el Hospital de San Juan de Dios y la Cárcel. Aislar a los enfermos fue una medida muy importante, pero, debido al carácter de protección familiar que existe en nuestra cultura, la mayoría se negaba a abandonar a sus queridos, convirtiéndose esto en un problema para los sanitarios.

El Ayuntamiento repartió hojas a la población veleña con normas de higiene personal y doméstica, esta última refiriéndose a la limpieza del hogar: aireación de las habitaciones, especialmente los dormitorios, los cuales debían ser desinfectados habitualmente; la basura debía ser sacada antes de pudrirse; también obligaron a los poseedores de animales domésticos a desinfectar a diario los corrales y establos y alejar los estiércoles.

La cuantificación de los enfermos fue otro punto clave, así que se instó a los médicos de la ciudad a que presentasen en la alcaldía un parte diario con el número de “invasiones”. Al mismo tiempo, se envió un telegrama al Gobernador Civil de la provincia para que enviase a Vélez medicamentos y desinfectantes, ya que carecían de recursos económicos.

El pánico se adueñó de los vecinos. Como ahora, antes también existía la fanfarronería, y vulgarmente a la enfermedad se le empezó a llamar “peste”, “cólera” o “tifus”. El doctor Martín Fernández de la beneficencia municipal de Madrid advirtió que se dejase de “alarmar a la opinión con noticias a todas luces insensatas, de las que en todo caso se desprende prejuicios graves generales, antes que ninguno particular”.

El 12 de noviembre la situación empeoró en Vélez, con 100 contagios diarios. La epidemia no hacía distinción de clase y muchas personas de familias pudientes veleñas fenecieron, entre ellas la mujer del industrial Tiburcio Andérica Dominguez, Elena Peris Rodríguez, con tan solo 32 años, dejando a cinco hijos de muy corta edad. Por entonces, la escisión social era enorme y, sin duda, los que más sufrieron fueron los obreros y las familias pobres, sin sustento para acudir al médico o comprar medicamentos. En la Villa, uno de los barrios más humildes de la ciudad, la epidemia causó estragos, falleciendo un gran número de vecinos.

A finales de diciembre la epidemia parece haber finalizado. El ayuntamiento formó una Junta de Socorro constituida por el alcalde José Romero de la Cruz (presidente de la Junta), y como vocales, Rafael de Uribe y Peláez (juez de instrucción), Juan Mateos Romero (párroco de San Juan), José Fernández Vallejo (párroco de Santa María), Ramón Gutiérrez Pérez (párroco de la iglesia de Torre del Mar); Domingo de Angulo y Goñi (registrador de la propiedad), Antonio Romero de la Cruz (hermano del alcalde y juez municipal) y tesorero Antonio Igualada Carrión (coronel retirado), empleando el único método de ayuda existente: la beneficencia, un parche que aliviaba pero no sanaba. Sin embargo, consiguieron recaudar 2.717 pesetas para las familias pobres. Los partidos republicanos y socialistas locales también hicieron sus donativos aparte.

En definitiva, es difícil cuantificar las muertes por la epidemia gripal en nuestra ciudad. Quizás si hiciéramos un estudio cuantitativo de las defunciones en el registro civil podríamos acercarnos a un número más o menos exacto. Lo cierto es que el virus fue fulminante y atacó muy rápido aquí. Siete semanas terribles que muchos jamás olvidaron.

Postales en blanco y negro

En las navidades de 1958, una extravagante y joven británica decidió viajar por España al volante de un coche deportivo Lotus de color blanco con matrícula UKV 279, buscando inspiración y luz para sus fotografías. Esta pintoresca aventurera se llamaba Regina Kenmore, y comenzó visitando Bilbao, Ávila, Toledo hasta que llegó a Nerja por la carretera de Granada. En Nerja permaneció unos tres meses, desde mediados de enero a mediados de abril. El motivo de su prolongada estadía aquí no fue otra cosa que la impresión que le produjo la vida cotidiana de este pueblo "que parecían estar todavía inmerso en la Edad Media", según sus palabras. 

Portadora de una cámara Carl-Zeiss, realizó un reportaje fotográfico impresionante, inmortalizando un mundo a veces oscuro, a veces luminoso; una sociedad que aún sufría los coletazos de la posguerra, con sus carencias y sus atrasos. Pero también fotografió la inocencia de un pueblo que sobrevivía anclado en sus tradiciones, donde existían oficios, hoy extintos, y formas humildes y vivas de entender la cotidianidad. 

Regina lanzó fotos también en Frigiliana, en las cercanías de la Herradura o en Mojácar (Almería). Las instantáneas de la trilla o la de la mujer con el cántaro sobre su cabeza cual bereber del norte de África son de estos lugares. En Nerja capturó imágenes muy poderos tales como la de las familias pobres que vivían en las cuevas del río Chíllar, la del perro colgado del árbol (tradición de Maro), la de las mujeres lavando la ropa en la acequia o la del cementerio de mulos. 

Este portafolios fue publicado en el 2018  por Onada Edicions bajo el título Viaje a la Nerja desconocida: "Antes del descubrimiento de cualquier cueva, los servicios esenciales de Nerja estaban en la única carretera hacia Málaga. En un extremo una iglesia, en el otro una herrería. Entre ellos había una fuente y dos posadas dirigidas por Pilar y Rosario, cuyo hijo se encargaba de la gasolinera. En la parte del mar estaba el llamado Balcón de Europa. También había un cementerio".




















Entre la generación X y la generación Millennial

Nacemos y luego morimos. Ésta es la cruda realidad. Aquéllos que no son aniquilados en una guerra, devastados por un tsunami o infectados por una pandemia tendrán suerte y podrán contar sus hazañas a las generaciones venideras como testigos vivos de la historia. Pero que una cosa nos quede clara: pese a que la sociedad ha estado cambiando a lo largo de los siglos, la esencia del ser humano ha sido siempre la misma, no importa de dónde vengamos o cuándo hayamos nacido. El campesino del siglo I a. C. pensaría del mismo modo e incluso tendría las mismas inquietudes que el campesino del siglo XX. Lo único que les diferenciaría es el medio donde habitaron, los instrumentos que utilizaron y las indumentarias usadas. O sea, meras cuestiones materiales. Por poner otro ejemplo, un niño de principios del siglo XX jugaría con juguetes de madera, muñecos de porcelana – si éste era de familia pudiente –, o participaría en juegos grupales – si éste era pobre –; mientras que el niño del presente alberga en sus manos toda una suerte de tecnologías tales como el V-tech, los Quadcoptero o las gafas de realidad virtual. Básicamente es el juego y su función pedagógica lo que les une.

En una sociedad profundamente consumista esto ha servido de base para comenzar a etiquetar a las generaciones con un fin puramente comercial. De hecho se dieron cuenta de que era un negocio sumamente rentable, en el que intervenían grandes de la industria de la moda, sellos discográficos, fábricas de autos y empresas gastronómicas. La primera vez que quisieron encasillarnos ocurrió en Estados Unidos con la llamada generación “baby boomer”. Dícese de aquellos jóvenes que surgieron de la explosión de natalidad tras la II Guerra Mundial. En aquellos tiempos las empresas americanas empezaron a expandirse fuera de su territorio. La doctrina Monroe, el Plan Marshall y la Guerra Fría lo avalaban. La economía creció. La televisión llegó a los hogares. Las chicas llevaban la estética pin-up, se vestían como Marilyn Monroe y escuchaban a Wanda Jackson. Los chicos se ponían Levi Strauss, bebían coca-cola, conducían Chevrolet descapotables y llevaban el tupé a lo Elvis. Estos adolescentes más tarde iban a ser protagonistas de la revolución contracultural y el movimiento Hippie, que tanto influyó en el mundo. En España, sin embargo, los “baby boomers” nacieron en plena dictadura franquista y los cambios se produjeron con mayor lentitud. Aunque fueron en cierto modo los testigos activos de las luchas sociales durante la Transición: jóvenes contestatarios y soñadores del cambio.

Después de la generación baby boom vino la generación X, a la cual pertenezco. Somos los hijos de los niños del franquismo, cuya infancia y adolescencia transcurrieron entre los años 80 y 90. Se nos ha llamado habitualmente la generación del “petit suisse”, holgazanes que veíamos la MTV, escuchábamos bandas de grunge o hip-hop y bebíamos litronas de calimotxo en los parques. Conocimos, además, las primeras consolas de video-juegos, la Nintendo y la Sega de 8 bits, el Spectrum o el Amstrad CPC, veíamos los Goonies y Star Wars, jugamos a los juegos de Rol y descubrimos los teléfonos Nokia e Internet. A menudo se nos relaciona con la siguiente generación Millennial por nuestra vinculación con las tecnologías y la Era de las Redes Sociales.

Para terminar, la lista continúa. A la generación Millennial o Y le sigue la Z, y en la actualidad tenemos la Alfa, cuyos bebés han nacido en el siglo XXI. ¿Qué nos diferencia? ¿Por qué tanto interés en catalogarnos? ¿Qué finalidad tiene todo esto? 

En mi humilde opinión todas las generaciones han tenido las mismas motivaciones, han pensado de la misma manera. Son los instrumentos, las motivaciones materiales o las nuevas tecnologías que se nos ha dado lo que nos diversifica. Pensemos en una sociedad ideal capitalista. Los conflictos no existirían (sólo en lejanos países), todos obedeceríamos con intachable civismo las normas y, sobre todo, consumir nos haría extraordinariamente felices. En momentos de crisis, el populacho tendría suficientes distracciones como para quedarse en casa y no salir a protestar. Pero en el caso de que la crisis sea extrema y hubiese algunas protestas descontroladas: entonces nos inventaríamos un enemigo exterior... ¿No os suena esto de algo?

Conflicto Afgano

Después de haber analizado en profundidad el conflicto afgano, he llegado a la conclusión que nosotros los occidentales tenemos un criterio bastante sesgado y generalizado del mismo. Ocurrió igual con la guerra de Siria. Cuando uno consigue por fin plantarse delante del tablero geopolítico de Afganistán, nos damos cuenta de la tremenda complejidad que lo rodea, así como descubrimos la amalgama de actores, internos y externos, operando en este avispero indudablemente difícil de gobernar.

En los Medios europeos, por ejemplo, apenas nos explican cuestiones tan básicas como que Afganistán, en palabras de Noam Chomsky, es un “estado fallido” compuesto por un enorme abanico de grupos etnolingüístico, los cuales han estado peleando entre sí desde tiempos inmemoriales, y a quienes se les ha utilizado con fines de política-económica internacional en diferentes fases de la historia. Tampoco nos cuentan que los talibanes lo integraron los más pobres de la tribu minoritaria pastún y éstos no hablan ni árabe ni persa, sino su propia lengua; que Al-Qaeda y los talibanes rara vez llegaron a aliarse, básicamente porque no se entendían en términos idiomáticos y porque además tenían objetivos políticos diferentes. Casi nadie te explica que este país fue uno de los últimos campos de batalla de la Guerra Fría, donde tanto rusos como americanos engendraron a los “warlords”, los cuales devastaron el país en la peor de sus guerras civiles; que Irán y Pakistán también han contribuido a la retroalimentación de estos monstruos, apoyando a unos u otros no solo por cuestiones territoriales, sino debido a la gran escisión que existe en el mundo islámico entre chiitas y sunitas. Que tras 20 años de presencia militar estadounidense en Afganistán los talibanes nunca fueron vencidos; y que en todo este tiempo los aliados no se concentraron en construir un gobierno y unas fuerzas armadas afganas capaces de salvaguardar el joven régimen.

En definitiva, la repentina retirada de las tropas de Afganistán antes de la fecha prevista, que debería haberse producido el 11 de septiembre de este año, muestra una vez más el fracaso de Occidente en sus estrategias en los tableros geopolíticos internacionales. Lo que sobrevendrá a continuación nadie puede predecirlo, aunque muchos apuntan a que la sociedad afgana sucumbirá de nuevo al radicalismo integrista de los talibanes, con cuyos líderes Washington pactó en Doha el año pasado. En este sentido, no podemos obviar el grado de implicación de los países occidentales en estos procesos; no podemos permitir que hagan y deshagan a su antojo sin pedirles responsabilidades a cambio. Si los talibanes implantan “la sharía” o ley islámica, los derechos humanos fundamentales se vulnerarán y especialmente las mujeres volverán a sufrir el infierno de la prohibiciones y el mal trato. 

¿No va Estados Unidos u Occidente a frenar esto, cuando siempre hemos sido los abanderados de la Democracia en Afganistán y en el mundo?

Los villanos de Hollywood

Crecimos como niños, divirtiéndonos, sin obligaciones, en un universo surrealista donde las medidas, las distancias o las formas convencionales no existían. Nos contaron historias de princesas frágiles y encantadas, de príncipes redentores y de villanos despiadados con rostros desfigurados; nos hicieron creer en el Papá Noel de Coca-Cola; en un tal ratoncito Pérez, que canjeaba tus dientes de leche por 25 pesetas, hasta que descubrimos que era tu propia hermana la que hacía el cambiazo; en unos Reyes Magos de Oriente que insólitamente presentaban fenotipos Occidentales y eran blancos, rubios y pelirrojos, excepto Baltasar, quien resultaba ser un pariente disfrazado con la cara pintada de betún. Veíamos en la televisión – esa arma de “distracción masiva” – a unos héroes indestructibles, tales como Chuck Norris, Superman, Rocky, Rambo, Michael Knight, Conan, Jackie Chan o McGiver, a quienes les resultaba facilísimo construir una bomba con una goma de mascar, derribar un helicóptero acorazado ruso Mi-24 con una simple ametralladora o aupar autobuses con la punta del dedo. Todos ellos luchaban contra enemigos terribles, unos tipos malos que habían sido creados por la pluma de las empresas cinematográficas en concomitancia con la política-económica internacional estadounidense. Pero, ¿quiénes eran esos villanos?

De la II Guerra Mundial hasta los años 60 el cine de Hollywood saturó el estereotipo del villano nazi. No obstante, a partir de la crisis de Cuba de 1962 y el conflicto en Vietnam, la Guerra Fría alcanzaba picos críticos y el enemigo se fue transformando paulatinamente en soldados rusos. En los últimos coletazos de este ciclo tenemos el film dirigido por Peter MacDonald y escrito por Stallone, Rambo III (1988), donde nuestro guerrero instruye en las prácticas bélicas a los muyahidines afganos contra el invasor soviético. Poco después, y esto nunca lo contaron en las películas, estos muyahidines se convirtieron en talibanes. En 1989 el telón de acero se desplomó y los guionistas estadounidenses se quedaron sin enemigos y sin ideas. Entonces, ocurrió el atentado de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 y el orden mundial dio un giro de 180 grados. Se hablaba de “guerra contra el terror”, cuyo elenco de villanos lo formaban dictadores de Oriente Medio, terroristas talibanes, yihaidistas con el rostro de Bin Laden. Y así hasta nuestros días. ¿Quién será el próximo enemigo de Hollywood? ¿Qué rostro le pondrán? 

Para terminar, no cabe duda de que Estados Unidos ha exportado un modelo de vida y de pensamiento político-cultural a través del cine. Hollywood ha servido de potente transmisor para este fin. Hemos sido víctimas de este proceso y aún sigue ocurriendo. En sus películas se pueden observar numerosos patrones y estereotipos repetidos hasta la saciedad: La dicotomía del bien y del mal, un bien interpretado por héroes (casi siempre hombres blancos y rara vez mujeres o negros) con trazas de burgueses cívicamente intachables; y unos villanos que han tenido diferente rostros según el contexto geopolítica yanqui del momento. También, las producciones hollywoodienses muestran un creciente miedo a una pérdida del orden social y exaltan unos valores cercanos al patriotismo exacerbado, el paternalismo colonial y la eugenesia cultural.

Mi recomendación: sacaros una cuenta en "Filmin" y adentraros en el increíble mundo del cine independiente. 

Abascal felicita a Trump

Trump quiere ilegalizar a los "antifascistas" y ponerlos en la categoría de "terroristas". Esto supondría incluso romper con la propia historia de los Estados Unidos, pues su presidente Roosvelt fue un antifascista declarado que orquestó la entrada de su país en la II Guerra Mundial para luchar contra, ¿cómo no?, el fascismo.

De esta noticia la extrema derecha española se ha hecho eco y el señorito Abascal ha osado twittear en su cuenta comparando de nuevo, ¿cómo no?, demócratas elegidos por votantes con "terroristas". 

Seguramente este señorito jamás ha leído o se ha preocupado por saber sobre el racismo brutal que existe en Estados Unidos, especialmente el que sufre la comunidad afroamericana. Este señorito tampoco sabe que el caso de asesinato que ha provocado duras manifestaciones no es un crímen aislado, sino que está a la orden del día. Los afroamericanos tiene miedo de la policía, porque tienen carta blanca para disparar sin reservas si algo sospechan. Pero la realidad es que la mayoría de las víctimas son negros y negras, muertos por haber hecho un gesto que los polícias creyeron una amenaza (como meterse la mano en bolsillo para sacar un móvil o la documentación). Las madres afroamericanas enseñan a sus hijos e hijas a no correr, a no ponerse la capucha del pullover o  a mantener las manos separadas de los bolsillos, cuando se topen con un policía, mientras les repiten "yes, sir" cien veces para no encrispar los ánimos de los agentes. La comunidad afroamericana tiene miedo de llamar a la policía cuando se comete un delito, aún si ellos ni siquiera hayan participado, porque siendo negros, la policía va a pensar que ellos fueron. 

Ésta es la situación en United States of America, cuya población se ha hartado ya y ha ocupado la calle para protestar por el asesinato de George Floyd. Para limpiar la cara, Trump ha amenazado con ilegalizar a los antifascistas, ¿acaso queda alguno tras la caza de brujas de McCarthy?, desviando la atención y disuadiendo a los propios estadounidenses del problema principal.

Por eso le digo al señorito Abascal que lea más sobre Estados Unidos, que se saque un B1 y aprenda inglés antes de felicitar al que quizás sea el presidente más nefasto y botarate que hayan tenido los estadounidenses. Como también le digo al señorito Abascal que usted es, ¿cómo no?, un blanco privilegiado que ha vivido del cuento toda su vida y ahora viene a darnos lecciones de moralidad y política.

A la sombra del odio

Tiroteó a su madre antes de que él se suicidara, posiblemente porque intentó convencerlo para que se entregara a la policía. Pero Tobias, así se llamaba el asesino, que superaba los cuarenta, estaba envenenado por el racismo y la xenofobia hasta tal punto que planeó un baño de sangre. Unos días previos a la matanza escribió una carta de 24 folios donde explicaba que había ciertos pueblos y razas que debían de ser exterminados de Alemania, y del mundo. En este escrito también hablaba de absurdas teorías conspirativas sobre bases militares estadounidenses subterráneas en las que se maltratan y matan niños y donde se adora al demonio. 

Tobias era una persona conocida en los círculos de la extrema derecha de su país. Le gustaba la caza, sabía disparar y tenía licencia de armas. Seguramente sería un cliente estrella de los clubes de tiro. Además, era de clase media y trabajó como banquero. En una instantánea de un vídeo que colgó en las Redes se pueden observar montones de archivadores en una estantería de una habitación bien ordenada. Tobias era soltero y, según se describe a sí mismo, un "incel" (célibe involuntario). Pese a la intensificación de la supervisión de los grupos ultra-derechistas por parte del gobierno alemán, el asesino pasó absolutamente desapercibido. Esto me recuerda a los atentados yihadistas en Europa. Los políticos aterrorizados extendieron la idea de que cualquier musulmán podría ser un terrorista, lo que conllevó a generar una terrible psicosis que todavía dura. En este caso, como el homicida es blanco y no es musulmán, "no hay porqué alarmarse". 

Tobias cargó su arma, arrancó el motor del coche y comenzó a conducir por las calles de Hanau, cuya población es de 100.000 habitantes. El primer ataque lo perpetró a las 20 de la noche en un "shisha bar", en cuyo establecimiento se encontraban una docena de clientes de procedencia kurda fumando sus pipas perfumadas. El segundo ataque se produjo poco después, en un "Kebap" atestado de musulmanes. Tobias disparó desde el coche y luego emprendió la fuga. Asesinó a 11 personas en total. Todo una proeza sanguinaria. 

Tras este atentado terrorista, Alemania ha quedado conmocionada. Al mismo tiempo, la preocupación del gobierno de Merkel ha aumentado considerablemente, pues en tan sólo unos meses se han cometido varios atentados de igual similitud. 

El tufo a extrema derecha se olisquea en todos lados. Aunque existen multitud de voces que claman frenar esta escala de violencia, casi nadie se ha puesto a analizar cuál es el contexto que estamos viviendo. Existen partidos políticos escudados tras la máscara de la democracia, los cuales están haciendo una guerra invisible para desestabilizar la sociedad a base de patrañas, falsedades y ambigüedades. Hay medios de alto copete que auspician, patrocinan y favorecen el odio entre las líneas de sus ediciones.

Un ejemplo claro de esto lo tenemos en España, en las declaraciones del líder del partido ultra-derechista Vox. Santiago Abascal no condena los ataques terroristas de Hanau, sino que reprocha al vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias que "esa contundencia nunca la vemos ante la tiranía chavista que mata a su pueblo. Ni ante el terrorismo separatista que ha asesinado españoles. Ni ante el terrorismo yihadista que asola Europa". No sólo no condena los ataques, sino que lo da por bueno haciendo una pirueta de moral política y construyendo una idea (totalmente falsa) de su opositor político.

Lo que ha olvidado Abascal, y por eso se lo recuerdo aquí, es que cuando se sucedieron los ataques racistas a los mal llamados "MENAS", no hubo ni una sola declaración de Abascal y sus secuaces condenando los ataques; que cuando hay ataques homófobos en nuestro país, ellos guardan silencio; y que cuando se producen a diario asesinatos de mujeres por violencia machista, ellos no muestran ninguna "contundencia"... ni se ve, ni se oye, ni la respetan.

Cuando en una Democracia no se denuncia el odio y la violencia; cuando ese odio y esa violencia se usa como rédito político, transformándola en armas electoralista; cuando se quiere dividir a la sociedad entre los "legítimos" y los "ilegítimos", banalizando y excluyendo a los segundos: estamos condenados a repetir la historia.

Carta a los votantes de Vox de Vélez-Málaga


Soy de Vélez-Málaga. Amo Andalucía y su cultura. Una cosa que hago a menudo es ejercer de embajador cuando me lo permiten. Siempre estoy hablando a mis amigos de la Axarquía, de sus paisajes, de su comida, de sus gentes campechanas, de su historia. Desde hace seis años he estado viviendo fuera de España. He tenido la suerte de viajar y residir en diferentes países, llegando a conocer una amplia suerte de personas y sus culturas. Durante todo estos años he experimentado cómo se siente un extranjero; la soledad, la añoranza de la tierra, lo que menos el rechazo por tus orígenes y lo que más las dificultades del idioma. Ahora vivo en Berlín, pero pienso en Vélez todos los días.

Pese a que me hallo lejos de mi hogar, sigo intensamente la evolución política veleña. Leo cada mañana las noticias de los Medios locales y atiendo con sumo interés los comentarios de sus vecinos. Y hay un asunto que me causa mucha indignación: de sus 80 mil habitantes del municipio, 9.700 han votado a Vox en las generales. Esto es un dato muy preocupante a mi entender. No sólo por el hecho de haber votado a un partido de extrema derecha que se jacta de su extremismo, sino que esto demuestra un claro síntoma de ignorancia o, por consiguiente, consentimiento de sus votantes. No sé si el motor de ello ha sido el descontento, la precariedad de muchas familias o la campaña de difamación que éstos 'putrefactos' han empleado en el último año. Sólo me queda cuestionar si realmente los votantes de Vox de mi pueblo han sido conscientes de su acción. Me pregunto si ellos saben que la política de este partido es xenófoba, racista, homófoba, machista y fascista. Y si por algún caso no supieran lo significan estas palabras, me agradaría explicarlo punto por punto:

Habéis votado a un partido xenófobo y racista porque odian a los que vienen de otros lugares más pobres que España y, especialmente, a los racializados de piel oscura. Han venido derramando en la opinión público el miedo al inmigrante: que si vienen a quitarnos el trabajo, que si vienen a violar a las mujeres, que si traen delincuencia y drogas, que si vienen a copar las ayudas sociales, etc. Haber, se ha demostrado cien veces ya, y no por rumor público sino con datos oficiales, que esto es un BULO. Ahora bien, uno de estos votantes podría decir: "¡Pero yo conozco un marroquí al que le pillaron robando”! Señoras y señores, delincuencia hay en todos los países, y los que lo cometen pueden ser de otras nacionalidades también, no sólo marroquíes, sino ingleses, alemanes, holandeses. Los datos de delincuencia, sin embargo, estiman que más de las tres cuartas partes de los delitos son cometidos por... ESPAÑOLES. Así que no podemos cargar la culpa de la precariedad, - porque es la precariedad y la pobreza lo que hace que se impulse la delincuencia -, a los inmigrantes. En cuanto a los otros puntos, ni los inmigrantes copan el sistema de salud pública, ni nos quitar el trabajo. Hay datos de Cáritas, ONG's y el Gobierno. No es tan fácil adquirir una ayuda social del estado, ni siquiera por tener hijos, porque, en primer lugar, los recortes del Gobierno en este campo han sido brutales en las últimas décadas y, segundo, la burocracia y el papeleo procedente de la administración ejerce de tapón, a veces racista. Y, por último, a los que se creen eso de que vienen a quitarnos el trabajo les invito a trabajar en los invernaderos de Almería, en los olivares de Jaén o en las fábricas de envase agrícola, trabajando 12 horas por un sueldo de risa y, atención, sin asegurar. Les invito además a salir a la calle a vender a modo de 'top manta', experimentando lo que un inmigrante tiene que hacer cuando se le niega el derecho y el permiso de trabajo. "¡Fuera, a vuestro país!", he leído en las Redes, o "Estos moros vienen a imponer su cultura" cuando se topan con el tema del velo. Podría continuar con miles de frases racistas que se dicen en la cotidianidad y que muy pocos se atreven a rectificar o refutar.

El odio que este partido ha inyectado en la sociedad andaluza es repugnante. Odio a Cataluña y los catalanes, simplificando este conflicto regionalista en una especie de guerra civil entre 'españoles' y 'antiespañoles'. He llegado a ver en las Redes Sociales presidentes de Vox quemando banderas de Cataluña y de Barcelona y exponiendo con total impunidad la bandera del aguilucho; o sea, mostrando a puerta abierta sus simpatías por el Franquismo. La respuesta de la cúpula del partido fue el completo silencio, lo que me demuestra el mito del lobo con piel de cordero. El odio está tan arraigado en sus venas que a muchos de Vox les encantaría fusilar no solo a catalanes, sino a feministas, gays, rojos y 'progres ofendiditos', como nos llaman. Lo he leído continuamente en los comentarios de noticias de periódicos de renombre, ya sea locales o nacionales, sin ocultar sus nombres y apellidos. Y lo realmente preocupante es que no son unos cuantos 'trolls' en Internet, sino que esta idea se ha normalizado en el municipio de Vélez como si se tratara de una idea aceptable y respetable. No, señoras y señores, no es respetable ni aceptable. Estáis incurriendo en un delito de odio, ni más ni menos. Como dato os diré que, después de la intervención del secretario general de vuestro partido en el canal de la Primera para las elecciones del 10N, una oleada de ataques racistas (a los peyorativamente llamados MENAS y a cualquier que no fuera blanco) azotó España. ¡No hay derecho a ello!


Después está vuestro absurdo deseo de cambiar la ley de Violencia de Género y llamarla por otro nombre que no es, inventando patrañas descaradas y machistas. La violencia de género es incuestionable a nivel legal: los datos oficiales dicen que es el hombre el que castiga y asesina a la mujer. Ahora bien, llamar a las feministas 'feminazis', contar embustes de las falsas acusaciones de esposas a maridos, sacando a colación esporádicos casos de violencia por parte de la mujer o, lo que es aún peor, no respetando los silencios por las víctimas en todos los ayuntamientos donde estáis apoltronados, lo estimo de un agravio imperdonable.

No voy a hablaros de la idea que tienen en vuestro partido sobre los homosexuales. Que si los retiros para curarlo o estupideces como achacarlo a un asunto cultural y no biológico. Es de una ignorancia tan supina que sería como creer que venimos de la bellota en vez del mono.

Habéis votado a un partido que quiere que la "cinegética" (como ellos llaman a la cacería, la montería o las dudosas 'artes' de la caza) sea una asignatura en los centros educativos. ¿Qué tipos de ciudadanos vamos a ser si queréis enseñar a los niños a manejar un rifle y disparar contra animales indefensos? Por supuesto que la caza es una actividad (y no una cultura) con mucha tradición; pero es una actividad que siempre ha estado ligada a los privilegiados, a la antigua nobleza y a los antiguos caciques de pueblo. ¿Es eso lo que queréis de Andalucía? ¿Retrotraernos al Antiguo Régimen? ¿O lo que realmente queréis es satisfacer las demandas de vuestros amigotes terratenientes a los que se les ha prohibió la cacería de manera indiscriminada?

Habéis votado a un partido que enarbola la bandera de España y se siente orgulloso de su ejército, cuando vuestro líder ni siquiera ha hecho el servicio militar obligatorio que le tocaba hacer. A lo mejor lo más acertado es que lo hiciera ahora para demostrar su fervor patriótico. No me salto el otro inconveniente del mencionado líder: que ha cotizado menos que un aprendiz de mecánico recién contratado, viviendo más de 20 años del erario público: un vampiro en toda regla.

No voy a seguir debatiendo vuestros argumentos de vuestros votos. Sólo os diré una cosa. Estoy casado con una mujer racializada, soy hijo de un carpintero y una madre a la que el sistema patriarcal le negó los estudios y la emancipación (R.I.P.), soy especialista en la represión durante la guerra civil y el Franquismo, tengo 5 libros publicados como vuestro líder, He viajado y conocido muchos países. He visto la pobreza extrema en Latinoamérica, y he tenido amigos que ha sufrido la guerra en sus países. Una vez en Escocia nos llamaron a los españoles con malas palabras y yo les tendía la mano de la tolerancia.

Con todo esto sólo me queda deciros, votantes de Vox, que para mí sois víctima de vuestra ignorancia, de vuestra actitud cerril, de vuestra aburrida e insulsa simpleza. No os odio. No os deseo nada mala. Me contento con pensar que algún día reflexionaréis sobre lo que habéis hecho. Y si no, me quedo satisfecho de que al menos hayáis leído hasta el final.

Feliz lunes, 11 de noviembre de 2019

Música japonesa de los 60’s-80’s & Bento Box


El viernes pasado nos colamos en el bar Oblomov Kreuzkoelln para un evento muy especial. Música japonesa de los 60’s-80’s, acompañado de comida tradicional. Por solo 7 euros pudimos degustar el famoso ‘bento box’: una porción de comida, común en la cocina japonesa, servida en una cajita con diferentes compartimentos. Un bento tradicional contiene arroz o fideos, pescado o carne, con verduras encurtidas y cocidas. En esta ocasión, la cocina del Oblomov a manos de una experta cocinera nipona, sirvió las famosas croquetas japonesas poniendo así la opción vegana en el menú.

El ambiente estuvo cargado de positividad desde el principio, con una estupenda música sonando por los altavoces, a cargo del celebérrimo DJOnoniionioniion / Showa Kayo (artista polifacético), quien nos deleitó con canciones bailongas, alegres, mostrando también la riqueza musical que existe en Japón y que la mayoría de los europeos desconocemos. En una esquina hubo un pequeño espacio para la venta de vinilos. Como yo no entendía japonés, me acerqué al DJ y le pregunté si podía recomendarme alguna banda psicodélica. Él, con una amabilidad insuperable, me recomendó ‘Chaco & Hell’s Angel’, cuyo disco tenéis la posibilidad de escuchar en el link.

En fin, merece la pena sumergirte en la noche de Kreuzköelln, nombre éste referente a la zona entre Kreuzberg y Neukölln (entre Hermannplatz y Kotti). En una ciudad tan ‘multikulti’, es realmente sorprendente que podamos viajar a todas las partes del mundo y conocer un pedazito de cada cultura sin movernos de Berlín.

Para la próxima, volveremos. Gracias.  






Crónica de una protesta global

A finales del pasado mes de agosto Greta Thunberg hizo un viaje en barco por el Atlántico, desde el puerto inglés de Plymouth hasta Nueva York. La joven activista sueca quiso mostrar con esta acción simbólica que podemos vivir sin emitir carbono al aire. Ahora que ella se encuentra en el corazón de Wall Street, donde gélidos 'yuppies' embutidos en trajes al estilo Gordon Gekko controlan el mundo, va a asegurarse de que la escuchen. No va a ser un discurso cualquiera. Se hará oír nada más y nada menos que en la cumbre sobre el cambio climático que la ONU celebrará en unos días. 

Greta se ha convertido en el ídolo de los más jóvenes; aquellos niños y aquellas niñas que miran al futuro con incertidumbre, que se preocupan por la destrucción sistemática del Medio Ambiente a manos de empresas multinacionales, del 'Lobby' de los recursos energéticos, también de muchos gobiernos, los cuales están contaminando el mundo y causando sufrimiento a una población desfavorecida allende nuestras fronteras europeas. Una vez Greta afirmó que no iría nunca más a la escuela los viernes, porque era absurdo aprender cosas que, luego, los adultos no cumplían: tantos logros en el campo de las tecnologías y, sin embargo, siguen destruyendo la naturaleza. Además, cuando los adultos se mueran, piensa Greta, nosotros 'los jóvenes' heredaremos un planeta destruido. Este pensamiento ha supuesto un punto de inflexión en el pensamiento juvenil. Por eso, hoy viernes jóvenes de varias edades no han ido a las escuelas y han tomado las calles de Berlín en protesta.

El movimiento feminista ha jugado un gran papel en esta manifestación, pues las conscuencias del calentamiento global afectan directamente a las mujeres. ¿Quién va a recoger agua de los lejanos pozos en una zona desertificada? ¿Quién cuida de los bebés con plomo en la sangre? ¿Quién cuida de la familia, cuando los maridos han sido asesinados en conflictos producidos por el control de los recursos? Algunos de los eslóganes de las pancartas son suficientemente claros: 'Burn the patriachy, not the amazon', 'climate change is a man-made problem with the feminist solution'. Otros se refieren a los cimientos del sistema: 'March now or swim late', 'El capitalismo es la crisis', 'make love not CO2', o 'Make love great again' en referencia a la fórmula de Donald Trump.

La manifestación se concentró frente a la histórica puerta de Brandenburgo. Hubo más de 250.000 manifestantes. La presencia de niños y niñas fue elevadísima, acompañados de sus padres, madres, profesoras y tutores. Aunque también hubo gente de todas las edades, incluso pensionistas, los cuales mostraron su apoyo con una pancarta que decía 'los viejos también quieren preservar el planeta'. Desde un amplio escenario científicos, alumnos de universidad y políticos progresistas arengaron a las masas. Entre las disertaciones, músicos de diferentes estilos cantaron odas por un cambio, un cambio de modelo de explotación, de consumo, de estilo de vida. La manifestación de ayer fue extraordinaria y será recordada como el día en que millones de personas de todo el mundo lanzaron sus consignas para intentar salvar el planeta.

Para finalizar, una cosa nos ha quedado clara, y es que al menos en Berlín la sociedad ha tomado conciencia del momento histórico por el que estamos atravesando. Si no cambiamos los modelos, si no damos otro ritmo a la máquina del consumo, nos veremos abocados a un futuro incierto con terribles problemas medioambientales y climáticos.

Y cuando el agua se acabe, ¿qué?


A veces reparamos en la importancia de las cosas justo cuando ya no existen. Estamos atravesando un momento trascendental ante el imparable calentamiento global de la tierra. Y en este proceso el agua jugará un papel clave para la supervivencia de la humanidad. Por ende quisiera escribir sobre un caso en particular. La calidad del agua en el municipio de Vélez-Málaga, tema que se debería de tratar con urgencia porque la situación en el futuro podría llegar a ser muy grave.

Para entender el problema, tenemos que hablar del auge del cultivo de los frutos tropicales en la Axarquía. Desde hace aproximadamente 25 años la zona del levante malagueño y la del sur granadino han ido plantando aguacates, mangos y otros frutos, los cuales son exportados al cono norte europeo. El aguacate, por ejemplo, se ha convertido en un consumo de moda en Alemania, Holanda, Bélgica o Francia. La producción ronda las 60.000 toneladas anuales, lo que ha generado una bonanza económica para los miles de productores locales entorno a cooperativas como Trops, que a su vez genera 13.000 empleos (datos de La Opinión de Málaga y  El País). ¿Qué opinión tienen los ciudadanos de estos datos? Pues muy fácil, lo que vienen orquestando desde hace tiempo los empresarios, que esta empresa es sumamente beneficiosa para la economía comarcal.

De hecho, lo es. Sin embargo, cegados por una especie de “fiebre del aguacate”, los productores axárquicos, viendo increíbles beneficios en este negocio, están extendiendo las plantaciones, suplantando la agricultura tradicional basada en los almendros, los cítricos, la vid, incluso los olivares. La mayoría de estos frutos tradicionales son de secano y requieren poca agua para su crecimiento. Por el contrario, según The Guardian, se necesitan 2.000 litros de agua para producir un kilo de aguacate. Con una simple regla de tres podemos obtener los siguiente resultados:

1 tonelada son 1.000 kilos, 60.000 toneladas son 60 millones de kilos. Si 1 kilo de aguacate necesita 2.000 litros de agua, 60 millones de kilos consumen 120.000.000.000 (120 mil millones de litros al año). Ahora bien, otros datos aportados por Málaga Hoy afirman que el gasto medio por habitante y por día equivalen a 132 litros. Si multiplicamos este valor por los 80.000 habitantes del municipal veleño, sale 10.560 litros por día y habitante. Entonces, si multiplicamos esta cifra por los 365 días del año, solamente en Vélez-Málaga se consumen 3.854.400 litros al año. Esto sin contar los 211.328 habitantes de la Axarquía y las necesidades de las otras plantaciones agrícolas que no son tropicales.  

Según la Red Hidrosur, este año el embalse de la Viñuela contiene sólo el 42% de sus reservas, unos 70 hectómetros cúbicos, 70.000 millones de litros. Teniendo en cuenta los datos de The Guardian y en caso de que tuviésemos un período de sequía, si diéramos prioridad al riego de los aguacates, acabaríamos con todo el agua del embalses en menos de un año. ¿No es acaso un dato preocupante?

En Junio de 2015. El alcalde popular Francisco Delgado Bonilla realiza una importante operación concerniente al abastecimiento de agua en el casco urbano de Vélez-Málaga. Lo realiza sin procedimiento alguno. Con la excusa de reducir los costes de explotación de la empresa Aqualia -y reducir la cuantía de las facturas de cada hogar, asunto que nunca tuvo vigencia-, reduce en un 50% el agua que procede del embalse de la Viñuela, y que es procesada en la planta del Trapiche.  El 50% restante constará de las reservas locales, que son los pozos históricos de la "Fortaleza" y el "Romeral". Como éstas son insuficientes para proveer de agua a la población, Bonilla realiza una obra que cuesta 1 millón de euros y une todos los pozos con el "Molino de las Monjas": un aljibe antiguo, en desuso y con grandes porcentajes de calcio.

Paulatinamente, la calidad del agua veleña fue disminuyendo drásticamente hasta que en abril de 2017 el concejal de IU Miguel Ángel Sánchez se hizo eco de las quejas de miles de veleños. Como el agua portaba elevadísimas cantidades de calcio se formaban residuos sólidos, y las tuberías, los filtros, las lavadoras, los grifos, las máquinas de café o cualquier electrodoméstico que funcionara con agua acabó rompiéndose. El que fue concejal Marcelino Méndez-Trelles apareció en los medios con un vergonzoso comunicado diciendo que se estaban tomando medidas y que mientras tanto los veleños tendrían que comprar calgonit. Estas medidas consistieron en usar lechazos de polifosfatos y CO2 para rebajar también el PH y así reducir la dureza del agua. Hasta día de hoy este problema no parece haberse solucionado. La calidad del agua veleña sigue siendo lamentable; un agua que los ciudadanos pagan religiosamente y que debería ser un derecho el tenerla de buena calidad.

Para terminar, me da a mí en la nariz que, ante la carestía de agua que vamos a tener en las próximas décadas, los productores locales ya han acordado con los políticos de turno darles prioridad a sus frutos tropicales. Van a sobreponer los intereses económicos de particulares a los de la salud pública. Además, la mayoría de los veleños han dejado de protestar. En lugar de ello, asumen esta terrible situación y compran agua embotellada, generando aún más basura plástica. En el futuro este preciado líquido se encarecerá y entonces no todos podrán acceder a ella. Y lo más triste es que, aun teniéndola, ya la estamos perdiendo. Esto acaba de comenzar.

¿Qué ocurrirá ahora? ¿Quién asumirá la responsabilidad? ¿Realizarán las autoridades estudios de sostenibilidad? ¿Cómo habrán de contribuir los veleños para frenar este proceso?... Y cuándo el agua se acabe, ¿qué?   

La ruptura y el fracaso


Los resultados de las elecciones municipales de 2019 en Vélez-Málaga han acabado mostrando una vez más la consolidación de un sistema difícilmente renovable. Me refiero a esas ansias de dejar el trasero pegado al asiento del consistorio y hacer de la política un oficio con derecho a finiquito pensionado. No es nada extraño afirmar que la mayoría de los que “parten la vaca” llevan tanto tiempo politizando sus nóminas como nominando sus votos. Y así durante lustros, convirtiendo el Ayuntamiento en un cortijo privado, rodeado por una verja eléctrica con un enorme cartel que dice “¡cuidado! Peligro de muerte por alto voltaje”.

Al pueblo le hacen falta buenxs mandatarixs que trabajen por y para el pueblo y no chupatintas de poca monta. Uno de estos buenos políticos es Miguel Ángel Sánchez Díaz. El otro se llama José María Matás Moreno. Los dos son hombres cultivados, templados, plenipotenciarios del sentido común y de la Izquierda que, a mí, personalmente, me ayuda a tener fe en el sistema. El primero fue concejal por IU en la oposición, estando a pie de calle en la defensa de los intereses de muchos vecinos y vecinas durante su corta legislatura. El segundo se presentó en las pasadas elecciones por las siglas de Podemos sin obtener una tan merecida acta de concejal. Y a ambos les traicionaron sus compañerxs de lucha: Izquierda Unida, tras varios años haciéndole el vacío, apartó de la lista a Miguel Ángel Sánchez y no quiso confluir con Matás rompiendo de este modo "el pacto de los botellines". 

Las luces rojas comenzaron a parpadear tras las elecciones generales. El partido de Pablo Iglesias había perdido un millón de votos (2.000 mil en Vélez-Málaga). Un ámplio sector de IU miró por encima del hombro a los de Podemos llegando a la conclusión de que, ante estos terribles datos, confluir en las municipales con ellos les restaría votos o, quizás, perjudicaría su imágen histórica. Para ello afirmaron que no compartían ni su código ético ni la premisa de renovar el sumidero de enchufes que supone Mancomunidad y EMVIPSA. 

Cuando se inició la campaña electoral, IU se presentó al público en el Centro del Exilio como Unidas Podemos, sin invitar a los miembros de Podemos, aunque eso sí, usado el logo del círculo morado en sus pósteres. Las zancadillas habían empezado, y fueron muchas. Entonces llegaron las votaciones del 26M. Izquierda Unida sólo obtuvo 1.368 votos (perdiendo más de mil), frente a los 1.730 obtenidos por Podemos. Los dos partidos se quedaron sin escaño en el Consistorio veleño. 

Ahora bien, no vamos a lanzar dardo impregnados de reproches. Tampoco ellxs deberían buscar a un culpable de este desastre. Si lo o la hay, ya es demasiado tarde. Sin embargo, Si Podemos hizo grandes esfuerzos por atraer votos aun siendo un partido joven que se presentaba por primera vez, Alicia Pérez, sin menospreciar sus buenas intenciones, perdió la oportunidad de sumar estos votos y llegar a los 3.000 votantes, con los que habrían conseguido dos o incluso tres concejales, y esto no es moco de pavo. 

Es tiempo de pensar con la cabeza fría. Esta crisis no es una cuestión de liderazgo, sino de replantearse nuevas estrategias políticas. Trabajar en equipo es fundamental, sea del color que sea. Es tiempo de enterrar los viejos prejuicios, comenzar a tender puentes y colocar en una misma disposición todas las cosas que nos une. Escuchar la voz de los vecinos. Conducir a los egoístas al ostracismo y reinstalar la computadora de la política local. No es tan difícil. Sólo hay que creer en ello, hablar con claridad y apartar los personalismos.

Mientras tanto, seguiré soñando con la utopía, esa utopía que me hace pensar en Miguel Ángel Sánchez y José María Matás, como artífices del antídoto para el maldito veneno de la egolatría que recorre las venas de la política veleña.         

1937. La batalla de Vélez-Málaga


El 8 de febrero de 1937 se produce la caída de Vélez-Málaga por las tropas fascistas. La batalla fue más un desfile que otra cosa, y no se llegó a pegar un solo tiro, pues las milicias veleñas se vieron incapaz de hacer frente a una situación extremadamente difícil.

La Axarquía estaba defendida de forma natural por las sierras Tejeda y Almijara, pero aun así existían dos puertos de montaña por donde el enemigo podría entrar con facilidad. Éstos eran el Puerto de los Alazores y Las Ventas de Zafarraya. Allá trasladaron a la mayoría de los batallones de milicianos, sin apenas munición y mal armados. La retaguardia veleña formó el batallón antifascista nº 19, a cargo de un comandante suizo llamado Alfred Bietenharder Sieber, cuyas filas estaban formadas por voluntarios sin armas y sin adiestramiento. El cuartel general estaba en la casa de la familia Bascán, en la calle Lope de Vega. Las tareas del batallón consistieron en hacer vigilancia, formación y ejercicios de marcha.

A principios de 1937 a la Axarquía llegaron miles de desplazados hambrientos y desesperados que huían de la represión militar de las zonas ocupadas. Eran naturales de El Salar, Moraleda de Zafayona, Loja, Alhama de Granada y sus zonas rurales. Nada más llegar, fueron distribuidos por los pueblos. Cualquier espacio para hospedarlos era permitido: un almacén, una casa abandonada o un molino; o bien obligaban a los vecinos a acogerlos en sus propias casas. El comité de refugiados de Vélez-Málaga los alojó en la Iglesia de San Juan, ofreciéndoles mantas y comida.

El viernes 6 de febrero comenzó la ofensiva final. Se libraron duros combates en la sierra. Vélez se había preparado para la defensa. En el arroyo Zamoranos excavaron trincheras (punto estratégico por donde discurría la carretera Torre del Mar-Loja) y en la vega del río hicieron una pista de aterrizaje donde operó una escuadra de seis polikarpov rusos al mando de Anton Vikentyevich Kovalevsky (a) Casimiro. Según el historiador veleño  Antonio Manuel Peña, la pista se encontraba en el cortijo Concha y los aviadores rusos pernoctaban en un edificio del Paseo Nuevo, dónde está hoy el colegio Eloy Téllez. Ese mismo día los aviones fascistas bombardearon los pueblos de la comarca. En Vélez se anunciaron los ataques aéreos por medio del repiqueteo de las campanas de la iglesia de Santa María, las cuales sonaron con frenesí desde la mañana hasta las 3 de la tarde. Uno de los cazas rusos fue abatido durante estos enfrentamientos. La población estaba aterrorizada y los milicianos de retaguardia pululaban por las calles con los ánimos muy encendidos. Entonces, por la tarde, el frente se rompió.

El mando republicano dió la orden de retirada. Mientras huían, detonaron el Puente de Don Manuel, lo que suponía retrasar el avance del enemigo al menos durante 12 horas. El sábado 7 de febrero el desorganizado río humano va llegando a Vélez, formado por miles de vecinos de la Axarquía, refugiados y milicianos sin control. La ciudad se convirtió en un caos y el Comité de enlace abandonó la ciudad a su suerte. Milicianos forasteros, muchos de ellos borrachos, empezaron a saquear algunas casas volando las puertas con dinamita. Numerosos veleños se prepararon para huir, mientras que unos pocos decidieron quedarse. Al llegar la noche, la ciudad era un desierto.        
     
Sin embargo, a las 5 de la madrugada el teatro Principal convertido en polvorín fue volado para impedir que las municiones cayeran en manos fascistas. La detonación que se generó fue tan terrorífica que alertó al resto de la población a poner pies en polvorosa. Las llamas se estaban expandiendo por las casas de la calle Luis de Rute; en breve, arrasarían el barrio. Otro suizo de nombre Ernst Hablützel tomó un racimo de dinamita y los lanzó contra el fuego, provocando que se extinguiera rápidamente. Este señor había trabajado en la empresa de Eléctrica de Vélez S. A. (en aquel entonces en manos de la Elektrobank de Zúrich) y conocía muy bien a los propietarios de las casas del barrio, haciéndoles un gran favor.

Al día siguiente, domingo 8 de febrero, a las 2 y media de la tarde, varios tanques orugas italianos penetraron en Vélez, realizando varios disparos al aire. Poco después, una columna motorizada italiana, tanques y soldados nacionales desfilaron por la calle Coronada rumbo a la plaza de la Constitución. Por el barrio de la Villa descendieron las tropas regulares de moros que saquearon las viviendas obreras a su paso. Al final del día, la bandera rojigualda ondeó en el balcón del Palacio de Beniel.

El historiador Peña nos ofrece el valioso testimonio de uno de sus familiares:

"Mi familia vivía en la calle Coronada un poco antes de San Juan de Dios. Mi bisabuelo Manolo Méndez Orgaz, que era funcionario de prisiones y había sido hasta mediados de la República, el director de la Cárcel; escuchaba en secreto la radio en la buhardilla de la casa, al general Queipo de Llano y con prismáticos veía las tropas bajar desde el Trapiche hasta la Cruz del Cordero. Desde allí entró la infantería italiana por el Barrio del Pilar hasta la plaza de San Juan de Dios y venían en guerrilla, apostándose en los portales y esquinas por si había resistencia. Mi bisabuelo se asomó al balcón y agitando la gorra empezó a gritar -¡Vía libre, vía libre. Arriba España, viva Italia, arriba España!-. Y ya empezaron los soldados a llegar y entrar en Vélez, desfilando y los vecinos saliendo a recibirlos con júbilo".

Vélez había caído en manos sublevadas, comenzando la mayor pesadilla de la historia local: los fusilamientos masivos por venganza y para implantar el terror, firmados por el juez militar y veleño Rodrigo Vivar Téllez.